Algunas cosas de China



Aprovechamos que Sara duerme desde hace varias horas para explicaros algunas cosas del lugar donde estamos.
Hefei es una ciudad muy grande (si la comparamos con las españolas, claro), ya lo decíamos en otro mensaje anterior. Es la capital de la provincia de Anhui, una de las tantas provincias pobres de China. Como toda gran ciudad, y más si es la capital de una provincia de 63 millones de habitantes, tiene unos contrastes y desequilibrios enormes entre sus barrios. Mucho más en una ciudad china, con toda la emigración que está llegando de las zonas rurales.
Cuando llegamos desde el aeropuerto la guía nos explicó que eso que veíamos, edificios en ruinas, otros absolutamente derruidos, entre medio gente viviendo en callejones estrechos, era que estaban tirando la ciudad antigua para edificar nuevas casas. Pero nos dio la impresión que lo hacen con la gente dentro, porque las ruinas estaban rodeadas de gente ... o tal vez era al revés.
Sin embargo nuestro hotel es una pasada. No sé las estrellas que tiene, porque me parece que aquí no tienen la misma escala de clasificación, pero nos parece de un lujo “asiático”. Para cuidar a la niña nos va perfecto, pero si lo comparas con la gente de la calle te sientes incómodo. Tiene 29 plantas, con un restaurante giratorio en la última, dos o tres restaurantes más repartidos por todo el hotel, piscina cubierta en la planta sexta, sala de juegos... etc. Pero te puedes poner morado en el buffet del restaurante giratorio por la astronómica cifra de 80 yuanes (8 euros). Eso sí, todos los restaurantes huelen igual, a no sé qué especia que le revuelve el estomago a Mavi, dentro del hotel y por las calles de la ciudad.
Hemos ido varias veces a comprar potitos y cosas para la niña. Vamos al centro comercial “Parkson” que es como un Corte Ingles a lo cutre. Los precios de las tiendas son parecidos a lo del buffet. Puedes comprar potitos Heinz por pocos yuanes y en los garitos de la calle botellas de agua fresca por 2 yuanes (20 céntimos de euro). En una tienda de ropa compramos un pijama precioso para Sara por 15 yuanes (un euro y medio) y esta tarde hemos visto unas camisas por 2800 yuanes (¡280 euros!) en unos superalmacenes de lujo al lado del hotel.
Todas las casas, por pobres o miserables que parezcan, tienen aparatos de aire acondicionado en las ventanas. Debe hacer un calor insoportable en pleno verano, menos mal que hemos venido ahora.
La gente de la calle se nos queda mirando. A veces nos resulta molesto, porque no sabemos qué piensan de que vengan unos extranjeros a llevarse a sus niñas. Pero no parecen disgustados, se acercan sonrientes y con cariño, o con descaro a veces, les hace gracia. No pasamos desapercibidos en ningún sitio.
Salir del hotel para ir a comprar algo o visitar algún parque es toda una aventura. Hay poquísimos semáforos, que suelen respetar bastante (con un guardia en cada esquina con un megáfono, sea dicho de paso) pero donde no hay semáforo es “sálvese el que pueda”. Hay cientos de bicicletas, motos, carricoches, motocarros, coches, furgonetas, autobuses, de todo. Cuando atraviesas ¡por un paso de cebra! los vehículos que te ven, en lugar de pararse, te esquivan, y tu vas deseando llegar cuanto antes al otro lado pensando que no lo vas a conseguir. Y sin embargo no hemos visto ningún accidente ni atropello. Ah, lo de los carriles pintados en las calles está de adorno. Y en lugar de utilizar el intermitente, pitan, con lo que el tráfico es una sinfonía continua, día y noche.
¿Os imagináis la Diagonal, la calle Aragón de Barcelona, o el Paseo de la Independencia de Zaragoza sin semáforos y todos los vehículos y peatones circulando a su antojo en todas las direcciones?
Los niños y niñas de la edad de Sara no llevan pañales. Llevan unos pantalones con una raja en el culete para facilitar que cuando tienen ganas, se agachan y ya está, sin problemas. Por eso no nos informaban de si Sara llevaba pañales, no le debían dar importancia. Todas las niñas nos las dieron con pañales, y aunque decían que controlaban durante el día, Sara no lo hace, así que los pañales le van muy bien.
Hay muchos chicos y chicas jóvenes por las calles y los parques. Llevan ropas muy occidentales, tejanos, camisetas... van con móvil por la calle, se ponen pendientes y los pelos de punta. Las chicas son monísimas, delgaditas. Igual son los de esta zona que son así de guapos... Sara será una preciosidad entonces, ¡ya lo es ahora!.
La guía nos ha dicho que en China los hombres se jubilan a los 60 años y las mujeres a los 55, con lo que hay muchos jubilados relativamente jóvenes que llenan los parques por las mañanas para hacer Tai Txi, jugar a las cartas o contarse historias. Claro, que trabajan 6 días a la semana durante muchas horas diarias.
Bueno, Sara parece que nos reclama. Otro día os contamos más cosas.